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domingo, 9 de octubre de 2016

LO QUE APRENDÍ DEL TIEMPO CON JAVIER OLIVARES.

Hay chicas que sueñan con ser como Beyoncé mientras que yo sueño con ser como Javier Olivares. Más que nada porque la genética en mis caderas se tomó muy a pecho aquello de que ancha es Castilla, así que curvas yo ya tengo. Y porque bailar como la diva te debe de dar, por lo menos, lumbago crónico. Y está la Seguridad Social en España como para coquetear con ella.

No. Yo no quiero dominar el escenario sino el tiempo. El de fuera y el de dentro. En el que se vive y sobre el que se escribe.

Hace unos días, en la  página de Facebook de la Delegación de Juventud de mi pueblo, me encontré con un cartel que anunciaba un encuentro con Javier Olivares y en el que se leía: «Todo lo que quisiste saber y ahora puedes preguntar sobre el Ministerio del Tiempo». O lo que es lo mismo, se avisaba que el guionista creador de la serie, Javier Olivares,  dedicaría parte de la tarde del sábado aguantar estoicamente todas las preguntas min-histéricas que le quisiéramos hacer, así fueran del tipo: ¿Cuándo salen las oposiciones para ser funcionario del Ministerio del Tiempo?

Tuve claro que no me perdería ese evento. No porque sea fan de la serie, tampoco porque sea Licenciada en Historia y ni siquiera porque sea escritora, bueno, esto último lo pretendo, que no es poco. Sino porque con Javier Olivares me ocurrió un día lo que con Philip Roth hace unos años. Cuando leí “El lamento de Portnoy” de Philip Roth sentí envidia, muchísima envidia que pronto se tornó en admiración, pues sabía que nunca había leído nada igual, nunca me había encontrado con una técnica literaria así y yo quería escribir de esa forma, con mi sello, pero con esa maestría. Me volvió a ocurrir lo mismo al ver primer capítulo de El Ministerio del Tiempo, sentí envidia, ¿por qué nunca se me había ocurrido a mí una idea así? Sabía que estaba ante un producto diferente y ante una idea rompedora que a mí no me encajaba ni en TVE, sinceramente.

Ayer, sábado 8 de octubre, acudí al encuentro acompañada por dos amigas, que no querían perder la oportunidad de hacerle preguntas al creador de una serie que nos tiene tan enganchadas.

De riguroso negro, como es habitual en él y como si jugara a ser el esbozo de un personaje que aún está por dibujar, Javier Olivares llegó a tiempo y lo detuvo. Me di cuenta ya casi cuando finalizaba su intervención, al sentir vibrar mi móvil sobre mis piernas, dentro de mi bolso. ¿Acaso fui la única que reparó en ello? No, una de mis amigas también lo hizo. De las veinte o treinta personas que acudimos a escucharle, ninguno había sacado el móvil durante toda su intervención más que para tomar alguna fotografía. Tan solo se escuchó el tono de un móvil que fue desatendido.

En los tiempos que corren, con esa tendencia estúpida a creer que el móvil es una prolongación digital de nuestro propio brazo, ¿no es increíble que alguien consiga embelesarnos —parar el tiempo, me gusta pensar a mí que tengo cierta tendencia novelera—hasta el punto de que se nos olvide todo lo demás?

Javier Olivares es un buen orador, qué duda cabe, y como buen orador sabe jugar con el tiempo, no solo detrás de la pantalla.

Respondió a las preguntas de los allí presentes. La gente quería saber sobre la tercera temporada de El Ministerio del Tiempo, aquella que los fans de la serie temimos que no se materializara. Nos contó lo que pudo, que tampoco era plan de hacer spoiler él mismo. Habrá más presencia del Atlántico, dijo, para que también se sientan identificados los muchos seguidores que tiene la serie al otro lado del charco y para hacer capítulos más internacionales. Habrá tres o cuatro viajes. Pero, hayamos leído lo que hayamos leído en presa, nos aclaró que la serie sigue sin tener el presupuesto de una superproducción, vaya, que tampoco podemos pedirle peras al Olmo.

En cuanto a la patrulla, a todos nos corroen las mismas dudas: ¿estará Rodolfo Sancho? ¿Y Hugo Silva? ¿Habrá alguna baja de personajes importantes? Aún están en negociaciones así que poco pudimos sacar en claro. Pero me parece a mí que los ministéricos tendremos que ser bastante comprensivos en ese aspecto porque, como es lógico, la larga demora entre temporada y temporada hace que los actores tengan que seguir rodando, valga la redundancia, y a veces sus nuevos proyectos son incompatibles. Solo nos queda esperar una conjunción astrológica favorable para que haya las menos bajas posibles.

Por otra parte, la mujer seguirá teniendo mucho peso en sus tramas, como lo ha venido haciendo con los personajes de Amelia Folch e Irene Larra. En este aspecto, ayer el guionista nos explicó algo muy interesante y que quizá ya se hayan planteado algunos seguidores de la serie. Es normal que más de uno se  haya preguntado, ¿por qué Javier Olivares eligió hablar de un personaje femenino como la vampira del Raval y no de otro como Clara Campoamor? Las respuesta que nos dio es que la vampira del Raval fue un personaje importante en su época aunque sea desconocida hoy día. Sin embargo, Clara Campoamor es un personaje mucho más conocido que ya se ha tratado incluso en TVE.

De este modo, Javier Olivares hace un homenaje a los pequeños personajes de la historia que soportaron el peso de la Historia con mayúsculas. Para hablar de esta idea, Javier Olivares nos regaló una frase más elaborada y con mejor prosa, que una oyente embelesada no pudo retener. Espero se me perdone mi poca retentiva. Pero a mí de niña no me contaron cuentos y cuando escucho a alguien contar historias de la Historia, y éste me atrapa, me gusta dejarme llevar y fingir que soy una cría a la que aún la Universidad no ha otorgado ningún diploma inútil y desconoce el final de la trama que le están narrando.

Javier Olivares también nos habló de lo que es “Historia contrafactual”, es decir, ese juego o maquinación que tanto nos gusta cuando nos preguntamos ¿qué hubiera pasado sí…? Como hizo en el capítulo “El tiempo en tiempos de Felipe II” y todavía hay algún inconsciente a quien la idea le sedujo mucho.



Hora y media larga dieron para enterarnos de muchas anécdotas, para que Olivares nos ilustrara sus ejemplos con muchos personajes históricos. Sin embargo, lo que a mí más me interesaba, como ocurre siempre que admiras a alguien, era su propia historia personal. Conocerlo a él como personaje histórico. Porque lo es. Quería conocer al hombre detrás del nombre. Quería escuchar hablar en persona al guionista que habla claro del maltrato que se sufre muchas veces los de su gremio. Quería escuchar al hombre quien junto con su hermano, Pablo Olivares, creó una serie para los desencantados con la televisión y encima la emitió en televisión. Tiene bemoles la cosa.

Afortunadamente, una de mis amigas le preguntó sobre cómo había pasado de ser historiador a guionista y él le contestó hablándole de su vida. Así todos los asistentes pudimos conocer que Javier Olivares procede de una familia humilde con unos padres que querían que estudiara una carrera porque ellos no pudieron estudiar. Supimos de sus mozalbetes inicios como actor y de que ahí fue cuando empezó a escribir los guiones para esas obras de teatro. Y descubrimos algo que era fácil de suponer: desde muy joven sintió esa pasión por la escritura.

Muchas veces, cuando oigo a alguien decir que quiere ser pintor, escritor, cantante, actor o, yo qué sé, alcalde de su pueblo, por ejemplo, lo miro, reparo en esa persona a conciencia y al final la información que a mí me llega es la de quiero ser famoso y que la gente me envidie. Y no está mal ese deseo, oye, somos humanos, no perfectos. Aunque otras veces, las menos,  escucho a gente con esos mismos grandes sueños y descubro que en ellos no son moda pasajera sino una auténtica pulsión que los atormenta. Yo siempre digo que para mí la escritura es como una solitaria que tengo anclada en las tripas y que, si no alimento a conciencia, me terminará consumiendo. A eso me refiero.

Javier nos habló de su hermano Pablo. No nos contó una historia lacrimógena. Podría haberlo hecho, pero ya he dicho que Olivares maneja bien el tiempo y sabía que no era el momento. Tampoco creo que le apeteciera. Ni que su hermano, que en paz descanse, querría que diera ese enfoque a sus charlas. No sentí lástima de Pablo, ni si quiera cuando Javier nos confirmó ese subtexto en el capítulo de la despedida de Lorca y Julián que ya se había empezado a comentar en las redes sociales. Para quién no sepa de qué va el tema, me refiero a la mítica escena del abrazo cuando Julián se despide de Federico García Lorca y éste no le avisa de que va a  morir. Lo deja ir. Esta escena es la despedida simbólica de Javier a su hermano Pablo quien, enfermo de ELA, falleció antes de que se estrenara El Ministerio del Tiempo ideado por los dos. Y, como decía, yo no sentí lástima por Pablo sino una profunda admiración por el hombre que escribió en sus últimos días guiones con un ordenador que se activaba por la mirada. Eso y no otra cosa es pasión por lo que se hace.

Fue una gozada escuchar a Javier Olivares para todos los que ayer estuvimos presente en el encuentro que ayer tuvo en la Casa de la Cultura de Los Palacios. Pero para mí, además, fue muy inspirador. Lo necesitaba. Necesitaba escuchar no solo lo que dijo sino la subtrama de mucho de lo que contó: su historia personal. Porque lo reconozco, en ocasiones guerreo contra el tiempo, mi tiempo. A veces me parece que pasa demasiado lento y que las cosas que anhelo y por las que lucho no terminan de llegar; otras veces siento que se acelera y no me da tiempo para asimilar los cambios. También hay veces en las que el tiempo me resulta cíclico y se me antoja una broma de mal gusto que me arroja una y otra vez al mismo punto de partida.

Pero ayer tarde, escuchando a Javier Olivares, comprendí al fin que el tiempo es el que es. Y solo me queda hacer de él algo bueno.


* No podía faltar la foto de recuerdo. A la izquierda una servidora y a la derecha mis amigas Rocío y Úrsula.

jueves, 24 de marzo de 2016

UN COCHE PEQUEÑO EN UNA PÁGINA GRANDE.

En 2014 escribí un artículo en el que hablaba del fenómeno youtuber y de cómo estaba reemplazando cada vez más a la televisión.

Lo reconozco, soy una gran consumidora de vídeos en Youtube. Aunque a mis 27 años, hace mucho que se me pasó la época del fanatismo teenager; a mí los youtubers me interesan más como creadores de contenido, a veces, incluso, creativo.

Uno de los youtubers que sigo, Rush Smith, suele contar que su pasión por la publicidad empezó cierto día, cuando aún era apenas un crío, en el que su padre estaba leyendo el periódico. Ese día Rush Smith reparó que entre las páginas había una en blanco y en el centro aparecía una imagen muy pequeña anunciando un coche. En medio de su ingenuidad, Rush le dijo a su padre algo así como que los del anuncio se habían gastado tontamente el dinero en una página entera, porque la imagen del coche que habían puesto era tan pequeña que nadie se iba a fijar en él. A lo que su padre respondió: «Pues ya han conseguido que tú te fijes».

Los caminos de los publicistas, para el resto de los mortales, son inescrutables, pero todos persiguen lo mismo: captar nuestra atención e incitarnos a comprar.

La era digital evoluciona, más que a pasos, a zancadas agigantadas. Si hace dos telediarios hablábamos del marketing de contenidos, ahora, una zancada más allá, lo que impera es el marketing de influencers.

Los influencers o líderes de influencia, es decir, aquellas personas cuyas opiniones tienen influencia potencial sobre su audiencia, también están cambiando. Si décadas atrás, por ejemplo, las marcas solían contar con actores, cantantes, deportistas conocidos, etc., desde hace un tiempo y cada vez más, el marketing se está fijando en esas nuevas figuras que son los youtubers. El público potencial puede empatizar mucho más con estos personajes por cercanía e incluso por el feedback que reciben en las redes sociales. Y, por supuesto, su opinión es más verosímil.

Sin embargo, todo en exceso termina degenerando. Las gurús de maquillaje y moda salidas de Youtube, esas mujeres que se grababan con una cámara cualquiera o incluso una simple webcam para contar qué le parecían productos que ellas, con su propio dinero, se compraban, fueron las primeras en quienes las marcas repararon. El problema es que, con el tiempo, las seguidoras de estas gurús han empezado a desconfiar de sus criterios y han dejado de tener influencia real. Es normal que el público deje de creer en sus opiniones cuando perciben un cambio brusco en el canal de sus youtubers, diferencia entre los precios de los productos de los que solía hablar antes y ahora, o una clara intención publicitaria en sus vídeos.

La solución más sencilla y la que agradecemos los seguidores consiste en no ocultar que un vídeo está patrocinado por una marca. No es una fórmula matemática, es una cuestión de lógica: si no quieres perder la confianza de tus seguidores, tienes que ser honesto en todos tus vídeos, sin excepción.

Y toda esta reflexión viene porque, desde hace unos días, una marca, Garnier, ha conseguido en mí el mismo efecto que el anuncio pequeño de un coche del que siempre habla Rush Smith.

A lo largo de mi no tan corta existencia, he usado productos de Garnier en ocasiones puntuales y generalmente, que yo recuerde, he quedado satisfecha con ellos, aunque hace bastante tiempo que no compro ninguno. Pero la campaña que Garnier está iniciando con youtubers ha hecho que vuelva a recordar la marca y hasta interesarme por ella.

Lo que me ha sorprendido es que Garnier está promocionando su línea de productos para el cuidado de la cara, Pure Active, con youtubers que no son gurús de maquillaje, aunque también hay alguna. Y está recurriendo tanto a mujeres como a hombres.

Las que suelen hacer tutoriales de maquillaje las descarto, porque elegirlas no tiene nada de original. Pero me interesan mucho otros perfiles. Que yo sepa, entre los youtubers seleccionados están Rush Smith, Javier Ruescas, Focusing y Andrea Compton.

Es evidente que esta selección responde a un concienzudo estudio de la marca, no hay más que ver la carta simbólica que recibe Rush Smith junto con el envío de muestras del producto. Con la intención evidente de simpatizar con sus seguidores.


Conociendo el perfil de los creepers, seguidores de Rush Smith, queda claro que la campaña va dirigida a un público joven. Y por si me quedaba alguna duda, lo comprobamos de nuevo con el siguiente youtuber, Javier Ruescas, un booktuber y escritor de literatura juvenil.

Por otro lado tenemos a las chicas que he seleccionado para el ejemplo: Focusing y Andrea Compton. Dos chicas muy monas pero cuyo perfil no se parece en nada al de las típicas youtubers de voz melosa y pausada, que suben vídeos grabados en decorados de tonos pastel sobre fondo blanco y tropecientos focos.

He estado cotilleando un poco la línea Pure Active y al ver que entre sus productos hay limpiadores faciales y exfoliantes, no hay duda de que la campaña va dirigida, principalmente, a jóvenes que están en esa época dorada en la que la cara se convierte en un campo de cráteres: la pubertad. Y esa no hace distinciones de sexo. Es más, recuerdo haber visto en esa época a chicos que más que productos de Garnier necesitaban un milagro en el rostro, o una careta. Ay, juventud, divino tesoro

La creatividad, ya sea en literatura, publicidad, o cualquier campo, me fascina, así que voy a estar muy al pendiente en los próximos meses para ver cómo resuelven estos youtubers, y los que estén por llegar, el reto que tienen encima: generar contenido creativo para promocionar a Garnier. ¿Hasta qué punto van a cambiar su perfil al hacerlo?




Admito que el que más curiosidad me suscita es Javier Ruescas. He visto que en el primer vídeo de este tipo que sube ha resuelto bien el reto. Pero, ¿podrá seguirlo haciendo durante meses? Como escritor, ideas no le deben faltar… Confío.

martes, 30 de diciembre de 2014

EL RESUMEN DE TU AÑO, LO QUE FACEBOOK NO HA MOSTRADO




No, este año para ti, probablemente, no ha sido fabuloso, así que no tienes por qué agradecérselo a todos tus contactos de  Facebook (de hecho, a la mitad de ellos no les importa lo más mínimo y a la otra mitad lo único que les preocupa es que hayas tenido un año mejor que el suyo, o al menos que lo parezca). Ya lo sé, Facebook te ha preparado una presentación con fotos tuyas sobre estampados fiesteros que te ha hecho hasta dudarlo, a mí me ha pasado lo mismo, que conste, pero todo es paripé, como cuando le echas una foto al escaparate de tartas de una cafetería, la subes a las redes sociales, y luego te pides un triste café. Piénsalo.

Un algortimo de Facebook  ha seleccionado las fotos con más comentarios o con más “ME GUSTA” las cuales, a la fuerza, tienen que ser las mejores y si no es así es porque eres un idiota que no sabe que en las redes sociales solo se suben cosas buenas por lo que, si en el resumen de tu fabuloso año aparece la foto de tu coche abollado cuando tuviste un accidente,  la foto de tu pierna escayolada, la foto de la sala de espera de un hospital, o de la mesa de la cocina llena de paracetamol y mucolíticos, la última foto de tu perro recientemente fallecido o la de tu carta de despido, entre otras, es cosa tuya por compartir tus miserias y avatares cotidianos. Es sarcasmo, lo  matizo por si no hay algoritmo que la detecte.

domingo, 3 de agosto de 2014

CUANDO LA TELEVISIÓN NO TE DA TODO LO QUE NECESITAS. EL MUNDO YOUTUBER.

Mi relación con la televisión ya no es la que era.  Ella no me da todo lo que yo necesito. Y esto no es de ahora, ya viene de largo.

Hace años, cuando estudiaba en la Universidad, empecé a darme cuenta. En los primeros cursos, yo llegaba de las clases a casa a las cuatro de la tarde  y me apetecía distraerme un rato mientras almorzaba, pero ella solo me ofrecía el griterío de cacatúas en programas del corazón o alguna telenovela pastelosa. Me encantan las series y las películas, pero quería que me pusiera a verlas a eso de las once de la noche y me tragara infumables dosis de anuncios y, claro, yo no debía porque tenía que madrugar al día siguiente y no podía andar trasnochando día sí y día también.

miércoles, 21 de mayo de 2014

CONFESIONES DE UNA puta CREATIVA

copywriter creativa

Soy una puta creativa y menudo disgusto se llevaría mi madre si se enterara. Además, escribo.

Y es que no importa lo hermosas que sean mis palabras, pues hoy por hoy no hay quién las lea si no las amorcillo con indumentarias cantosas, les añado complementos o cualquier tipo de fluorescencia para que llamen la atención y las amaestro como a rameras para que, cuando vean la luz, se contoneen sin decoro a cada golpe de lengua mientras son pronunciadas. Para conseguir tal efecto, me veo obligada a vomitar mis palabras tras una maceración tan tormentosa que me deja las tripas revueltas y el cuerpo cortado durante algunos días. Y, sin embargo, disfruto haciéndolo.