Hoy es Nochebuena y, aunque en la entrega pasada no vine con
mucho espíritu navideño, en esta ocasión hago de tripas corazón y te traigo una
receta especialmente pensada para ti que aún no sabes qué cocinar para la cena
de esta noche o que entre el trabajo y las compras de última hora no has tenido
tiempo de preparar gran cosa.
El mundo de las mesas de Navidad es de lo más variopinto.
Hay familias que no entienden una comida de Navidad si no hay marisco de por
medio, aunque sean unas patas de cangrejo o unos langostinos en oferta. Hay
otras, las más peliculeras, que se afanan por conseguir un pavo para ese día,
aunque luego no lo vuelvan a comer el resto del año. Hará relativamente poco,
empezó la moda de las ensaladas aliñadas con vinagre de Módena y se colaron pronto en las comidas navideñas. También
hay, cada vez más, quienes optan por la moda de los canapés como entrantes. En
mi casa hace tiempo ya que cada 24 de diciembre a mí me toca estar frente al
ordenador buscando en Internet posibles rellenos para volovanes y tartaletas
(aunque al final siempre acabamos rellenándolos con lo mismo). Cada familia
tiene sus costumbres. ¡No hay dos con las mismas!
