Dios cogió una costilla del hombre y, a
partir de ella, creó a la mujer. Luego, dejó a sus dos creaciones campando a
sus anchas por el paraíso hasta que la mujer la lió parda tentando al hombre y
ambos tuvieron que salir escopetados de tan idílico lugar. Desde entonces, el
hombre ha tenido que buscarse las habichuelas en un mundo hostil por culpa de
las malas artes de un trozo de carne que, por ser parte de él, le pertenece: la
mujer.
