Soy una puta creativa y menudo disgusto se llevaría mi madre
si se enterara. Además, escribo.
Y es que no importa lo hermosas que sean mis palabras, pues
hoy por hoy no hay quién las lea si no las amorcillo con indumentarias
cantosas, les añado complementos o cualquier tipo de fluorescencia para que llamen
la atención y las amaestro como a rameras para que, cuando vean la luz, se
contoneen sin decoro a cada golpe de lengua mientras son pronunciadas. Para
conseguir tal efecto, me veo obligada a vomitar mis palabras tras una
maceración tan tormentosa que me deja las tripas revueltas y el cuerpo cortado
durante algunos días. Y, sin embargo, disfruto haciéndolo.
