Lunes de la primera
semana de junio. En Los Palacios y Villafranca, un pueblo de Sevilla, el reloj
de la segunda parada de autobús marca las ocho y un minuto de la mañana. Justo
encima, un cartel publicitario anuncia una oferta de bikinis a 25,99 euros y
bañadores de hombres a 19,99 euros en el Corte Inglés. De fondo, la fotografía
de una pareja joven, muy bronceados y muy rubios ambos. Ella tiene cintura
ancha, caderas estrechas y pecho generoso. Él tiene torso atlético y piernas
fuertes. Se ríen mostrando una dentadura blanca de dientes perfectamente
alineados. El reloj parpadea. Desaparece la hora y marca la temperatura: 31º.
En la parada hay una
veintena de personas esperando el autobús con destino a Sevilla a las que
progresivamente se van incorporando gente. Poco a poco, van formando una
especie de cola. Unos cuantos charlan entre sí. Otros esperan callados, cambiando
continuamente de postura. Otros, incluso, aguardan bostezando.
Un chico que viste
traje de corbata pero que no aparenta más de treinta años, se fuma un cigarro.
Una chica que está a su lado lo mira insistentemente y cuando éste le devuelve
la mirada, ella se pasa la mano por la nariz a modo de parabrisa.
